Ecuador
Y la historia los juzgará

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A estas alturas hablar de la ansiada unidad de las izquierdas del país, para las elecciones del 2025, es pensar en una nueva utopía de la tendencia. Pero a ¿quién le echamos la culpa de este nuevo fracaso? Indudablemente en la lista está el movimiento Revolución Ciudadana, con el ex presidente Rafael Correa a la cabeza. Su responsabilidad no es reciente. La política, aplicada durante sus 10 años de Gobierno, contra los movimientos sociales, movimiento indígena, luchadores populares, sindicatos y más, que le ayudaron a llegar al Palacio Carondelet, al perecer fue el inicio del fracaso. Y es que antes de que Rafel Correa aparezca en el escenario político nacional las diferencias, que las había desde siempre, no eran tan marcadas. Coincidían por lo menos en los discursos y las protestas en las calles que era en único lugar donde se veía la unidad. Pero Rafael Correa logró lo que, hasta ahora ni la derecha más dura, lo había logrado y es que todos los grupos, partidos y movimientos de izquierda, considerada clásica, se unan para recordarle la manera en la que actuó durante su mandato. En un primer momento, todos pensamos, que estos temas habían quedado atrás, más por la necesidad que tiene el país de que llegue alguien de la tendencia para que los pobres de la patria vuelvan a tener esperanzas de días mejores para ellos y sus hijos. Pero no. No fue así. Volvieron a florecer los resentimientos y a primar sobre las necesidades de la gente. Pero igualmente volvió a surgir el ego de Correa y los suyos que, aunque se dieron cuenta que solos no llegarán, prefirieron acudir al centro derecha y la “buena derecha” para intentar sumar fuerza y lograr el poder. Esto dejando atrás cualquier posibilidad de concretar la nueva Alianza País.
Ahora, fuera de Correa y el Correismo, las otras fuerzas también tienen la responsabilidad. Comenzando desde el Movimiento Pachakutik, pasando por el Partido Socialista y Unidad Popular, ex Movimiento Popular Democrático (MPD). El brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) aunque habló de la unidad, nunca dio muestras claras de dejar de lado los mencionados resentimientos y poner por delante la urgencia del país y los más pobres, entre ellos, sus compañeros de las comunidades indígenas y campesinas que hoy y, desde siempre, se han sido los menos favorecidos. Desde el inicio se establecieron líneas rojas como la de la explotación minera y, aunque todos coincidimos en que es un tema importante a tomar en cuenta, también es verdad que se debió plantear la necesidad de tratarlo una vez que se logre llegar. Eso, con el compromiso del correísmo. Esto a pesar de la desconfianza que, en todos nosotros, existe, pero debía dar esa muestra de flexibilización de la postura, incluso para que el correísmo aparezca como el gran responsable, pero seguro primó las conveniencias personas y de partido. Esto en cuanto a las dos principales fuerzas de la tendencia, que solos, no llegarían, pero unidos lo harían en una sola vuelta, sin duda.
Los otros grupos como Unidad Popular y los socialistas que, no son una fuerza política y no han logrado el beneficio del voto, han mostrado sus posturas de resentimiento frente al correísmo al punto de llegar a decir “con todos menos con el correismo”, olvidándose que en algún momento apoyaron al candidato y presidente de derecha banquera, Guillermo Lasso o, en el caso del Partido Socialista, se prestaron para que uno representante de la derecha, a la que dicen combatir, utilice su casillero electoral para ir por la presidencia. Es decir, deberían preferir el silencio y buscar las formas de reivindicarse ante su gente y el país pese a sus posturas personales. A la hora de la verdad, todas las fuerzas suman. Pero, por ahora, todos los nombrados, sus dirigente y líderes, pasarán a la historia como los que tuvieron la oportunidad y no lo pudieron hacer por sus egos personales e intereses partidistas dejando de lado los de la nación y el pueblo.
Y la historia los juzgará.