Opinión
La importancia de la seguridad

El Ecuador ha soportado durante su historia la desgracia de su ubicación geográfica y sus privilegiadas zonas naturales, desgracia que debería ser una bendición maravillosa. La cordillera de los Andes nos ha dividido por siglos a serranos y costeños dando origen a regionalismos que en buena medida explican nuestros atrasos, dadas las envidias y miserias de pobladores de hoyas vecinas pero adversarias.CARLOS RAMOS AMPUDIA
En esta breve campaña electoral estamos asistiendo a la exposición pública de los planes y propuestas de los candidatos a la presidencia de la república respecto a un problema que, hoy por hoy, es de prioridad para la amplia población del país, se trata de la seguridad. Desde hace mucho tiempo se ha tenido a la región litoral del país como una región en donde la inseguridad era el pan de todos los días, inseguridad por los robos que se daban en cualquier lugar de las ciudades costeñas; esa inseguridad de antaño estaba relacionada con los robos de objetos y bienes de las personas pero nunca llegó al nivel de que la inseguridad sea de la vida de quienes transitan por las calles de ciudades como Guayaquil, Manta, Machala.
Hace algunos años atrás se consideraba que la inseguridad era frecuente en nuestro litoral, sin embargo a esta fecha resulta que no hay área de la geografía que no esté afectada por la inseguridad tanto de bienes como de personas. La región interandina en su conjunto ya no es una zona segura, lejos la tranquilidad de Loja o los apacibles paisajes de Carchi y ni que decir de la ya muy antigua frase de franciscana ciudad de Quito como ejemplo de tranquila seguridad. La región amazónica que antaño era símbolo de tranquila inmersión en la selva con los únicos cuidados de animales salvajes pero disfrutando de la cordial hospitalidad de los pocos habitantes de estos lugares poblados de indígenas y colonos. Hoy no existe ciudad del país que no sienta el miedo de salir a la calle y no tener la certeza de poder regresar.
El Ecuador ha soportado durante su historia la desgracia de su ubicación geográfica y sus privilegiadas zonas naturales, desgracia que debería ser una bendición maravillosa. La cordillera de los Andes nos ha dividido por siglos a serranos y costeños dando origen a regionalismos que en buena medida explican nuestros atrasos, dadas las envidias y miserias de pobladores de hoyas vecinas pero adversarias. Nuestro archipiélago de Galápagos con ser un gran atractivo mundial está perdiendo sus condiciones naturales por el interés mercantilista de pobladores que quieren obtener el mayor lucro en el menor tiempo posible y así están poblando tanto a una zona que debería ser un parque nacional resguardado de la voracidad capitalista de hoteleros de todo orden y mercaderes de cualquier cosa, a lo anterior hay que sumar la avalancha de pesqueros chinos que en grandes flotas navieras arrasan con la pesca que debería servir para alimentar a nuestros pescadores artesanales y a la industria atunera.
Esta nuestra geografía también ha sido desde hace unas décadas motivo de penetración del narcotráfico, de drogas que producidas en Perú y con mayor volumen en Colombia han invadido nuestras costas para exportar la variedad de droga que consumida en Estados Unidos y Europa le produce a sus mentores ganancias fabulosas que deslumbran a nuestros campesinos, pescadores y pobladores por la cantidad de dólares que ello significa. Asentados en nuestro territorio verdaderas empresas criminales que se dedican a la comercialización de la droga, ya se está volviendo común hablar de mafias como Tiguerones, Lobos, Choneros y otros que dependerían de carteles mexicanos y colombianos, el cuadro se complica aún más cuando han sentado su presencia también carteles europeos como la mafia albanesa o la italiana.
La consecuencia del accionar de estas bandas de crimen organizado es la serie de matanzas que se han producido en centros de reclusión, que pasan de 3000 muertos en lo que va del actual gobierno, como los asaltos, sicariatos y crímenes cometidos en plazas y calles de las ciudades. De esta ola de violencia criminal no se han salvado ni policías, jueces, fiscales y personal militar; es tan grave la situación que incluso han asesinado a autoridades electas por la ciudanía como concejales y últimamente el Alcalde de la ciudad de Manta y el candidato Villavicencio.
De tal manera que la inquietud generalizada de los ecuatorianos por su seguridad es, con justa razón, la preocupación principal expresada en esta campaña que obliga a los candidatos a la presidencia de la república a ponerla en primer lugar de sus agendas.
Cómo abordar y solucionar el problema de la inseguridad ciudadana es una cuestión que se encuentra en la agenda de los candidatos y cada uno aporta una solución que en conjunto puede ser complementaria desde control de las cárceles hasta depuración de las filas policiales y militares. Sin embargo existen hechos que la lógica ayuda a encontrar mecanismos de solución, en primer lugar llama la atención y enardece que el Ministerio del Interior a esta fecha, agosto, no haya gastado de su presupuesto sino apenas bordeando el 10 % del total de fondos asignados para el año, cuando la inseguridad es alarmante, los policías carecen de material para cumplir su deber como pistolas, fusiles, chalecos antibalas, uniformes adecuados y equipados para cumplir su labor, no hay patrulleros nuevos y los que tienen se dañan con gran facilidad, carecen de helicópteros, tanquetas y otros vehículos; la situación es tan deplorable que se les asigna a plazas como Guayaquil y carecen de lugar para alojarlos teniendo que hacerlo en aulas de una universidad que ha facilitado esos espacios, ni que decir de camas, colchones, frazadas y más implementos. Visto así las cosas hay dinero pero la incapacidad para gastar en lo que corresponde a equipamiento y facilidades para la policía no se gestiona y eso indigna, indigna que un ministro como el capitán Juan Zapata no sea capaz de gestionar lo elemental para la institución encargada del orden y seguridad.
En este gobierno el incumplimiento de la palabra del Presidente y sus colaboradores ha sido y es una constante diaria, las declaratorias de estado de emergencia en determinadas provincias se supone que tenían el propósito de facilitar la lucha contra la inseguridad y así se ofrecía sin embargo ya van 19 declaratorias y la situación no mejora. Lo que provoca una especial indignación es en estos últimas días cuando los noticieros informan que están en la ciudad de Guayaquil y en Durán, en las zonas más peligrosas, cientos de nuevos policías que habiendo recibido una breve capacitación, deben permanecer en las primeras líneas de la lucha contra la delincuencia, indigna porque estos jóvenes, hombres y mujeres, que por tener un sueldo seguro deben cumplir con las órdenes superiores aún a riesgo de su propia vida, es tan irresponsable esta medida tomada por las altas autoridades de la policía y el gobierno que se parece a la irresponsable y criminal de enviar a la guerra a conscriptos reclutados hace poco y entrenados al apuro.
